Las aventuras de Samantha Stephens, la bella y rubia bruja casada con un hombre común y corriente, forman parte del corazón de la cultura televisiva de los sesenta. Mucho se puede criticar la inocencia de estas historias, pero algo en ellas -tal vez los increíbles secundarios, desde la vecina Gladys a la suegra Endora- la mantienen fresca y atractiva donde otras han caído.







